miércoles, 24 de abril de 2013

“Modo y estilo de vida en una comunidad de Quintana Roo”

Se abusa del término calidad de vida y se usa para referirse a las acciones para mejorar las condiciones de vida, lo cual crea confusiones en el lenguaje, además de creer que la calidad de vida se cambia por prescripción facultativa del personal de salud, cuando en verdad se trata de una actividad eminentemente educativa, aceptada tanto por los criterios técnicos, sociales y personales, que debe ser apropiada por las personas y vivenciada como necesaria. 

Para nuestro país, en el inicio del milenio, se han dado condiciones nuevas para enfrentar los problemas actuales de salud, determinadas por el reconocimiento de su complejidad por parte de la más alta dirección social, que identificó la necesidad de ampliar la diversidad de profesiones que deben integrarse a la educación de una cultura de la salud y el mejoramiento de la calidad de vida como objetivos superiores de esta etapa, comenzándose la formación masiva de recursos humanos que realizarán trabajo social. 

Además, se desarrolla el trabajo de la Comisión Nacional de Calidad de Vida, la Unidad de Análisis de la Situación de Salud y sus filiales provinciales, la ampliación del número de municipios por la salud, las investigaciones genéticas de las discapacidades, la investigación sobre la longevidad y otros proyectos. 

Todo lo que acontece está evidenciando que la solución de nuestros problemas actuales de salud y los proyectos diseñados para enfrentarlos, son el resultado de un considerable desarrollo social y humano. 

Cuando se intenta modificar las condiciones de vida, hay que tener en cuenta la forma en que la persona asimila esos cambios y en qué medida se plasman en su sentido, sus motivaciones, actitudes y conducta. Dichos cambios no se convierten en comportamientos automáticos y habituales porque lo deseen los especialistas en salud y lo divulguen los medios de comunicación. Esto nos plantea que una cosa es dar información y otra es comunicar, educar y cambiar conductas.


Conclusión sobre la utilidad de estos dos conceptos analizados

Las formas de actividad concreta que integran el modo de vida de la población, merecen ser estudiadas, ya sean positivas o negativas, las cuales nos pueden facilitar conocimientos que contribuyan a elaborar estrategias y programas para el desarrollo del bienestar social, del trabajo higiénico-epidemiológico y la promoción de salud. Lo mismo sucede con las actividades del estilo de vida del individuo y su utilidad para el diagnóstico, tratamiento y pronóstico de su salud o enfermedad.

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